Los diminutos pedacitos de vidrios de Venecia, mármol y cerámica fueron ocupando sus sitios. La resina que los une se fue secando y la imagen fue naciendo... poco a poco. Una bandera y una moto, aquella con la que el joven Che Guevara recorrió Suramérica en compañía de Alberto Granados, se materializó tras días de trabajo, quizás como uno de los elementos más visibles de este nuevo mural, elaborado con la técnica del mosaico, que desde la pasada semana ocupa uno de los muros de la Universidad José Martí, en Sancti Spíritus.
Pero los jóvenes artistas italianos y cubanos que trabajaron junto a sus profesores en el fabuloso proyecto no estaban innovando; más bien seguían una tradición. Con más de medio centenar de murales repartidos por toda su geografía, la llamada Villa del Yayabo se ha convertido “en la ciudad de los murales”, calificativo con que la definió la escultora Rita Longa en la década de 1990.
Los hay de todas las formas y colores, en hoteles y en parques; en instituciones deportivas y de gobierno; al lado del río o custodiando la entrada de un Banco de Sangre. Están hechos de cerámica y con vitrales; salpicados de arcadas y estatuas o con piedras, tejas y ladrillos. Recrean fantasías o lugares bien definidos de la ciudad, alegorías o sueños. Pero la identidad espirituana, de la mano y herramientas de importantes artistas plásticos como Heriberto Manero, Julio Neira, Félix Madrigal, José Perdomo, Jorge López Pérez y René Ávila, se asoma en cada propuesta. Al decir de un cronista local, entre las callejuelas de piedra de la villa “conviven dos ciudades”: La que fue fundada el 4 de junio de 1514 por Diego Velázquez y la que describen sus murales a través de la imaginación desbordante de sus creadores.
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