| En apenas un mes se pondrá de moda hablar de sida. Como cada añ o. Lo que a simple vista puede parecer una afirmación festinada y superficial, es un hecho frente al que, cada vez más, tropiezan las personas relacionadas con la prevención del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Apenas se acerca diciembre, una buena parte de los medios de comunicación comienzan a dedicar titulares a la llamada “pandemia del siglo XX”. La reiteración de spots televisivos que promueven el uso del condón amenazan con provocar en el televidente deseos de no usar nunca más un condón y reaparecen llamados a la aceptación de la diversidad sexual; porque en Cuba, no puede ignorarse, más del 80 por ciento de la transmisión del VIH ocurre entre hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH). En pocas palabras, entramos en campañ a. No por gusto el 1ro diciembre fue declarado en 1988 como el Día Mundial de Lucha contra el VIH/sida. Alrededor de dos semanas suele durar la euforia informativa. Con suerte. Si son sólidas las propuestas del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que suele arrancar en la primera semana de diciembre, el sida desaparece más rápido de periódicos y pantallas, hasta que alguna cifra notable, o la próxima campañ a, lo traigan de nuevo a la palestra. Lo peor del asunto es que es muy serio. Según estimaciones de Naciones Unidas más de 65 millones de personas se han infectado con el VIH desde su aparición en la década de los 80 del siglo pasado. Hasta la fecha no se ha encontrado una cura, ni una vacuna para la mortal enfermedad. Solo la prevención puede enfrentar a este virus, que se transmite fundamentalmente a partir de las relaciones sexuales y el intercambio de otros fluidos corporales como la sangre. Un flaco favor hacemos los comunicadores si no comprendemos la responsabilidad que nos toca en el asunto. Los medios “se constituyen en escenario fundamental para la reproducción de juicios de valor, sistemas normativos, mitos, estereotipos y prejuicios con que los individuos funcionan para reconocerse a sí mismos, a su grupo, y, a su vez, diferenciarse en su especificidad”, asevera Isabel Moya Richard, experta comunicadora y directora de la Editorial de la Mujer. Las cifras le dan la razón. Según investigaciones de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), la televisión, la radio, la prensa escrita, los materiales promocionales, los amigos, y el personal de salud, en ese orden, son las vías fundamentales de información sobre el VIH/sida. En el caso de los medios de comunicación, fueron referidos como fuente de conocimientos por más del 50 por ciento de las personas encuestadas durante el seguimiento y evaluación hecho por esa oficina a la Estrategia de Comunicación Social para el VIH/sida, diseñ ada por el Centro Nacional de Prevención para el período de 2008-2010. Según fuentes de la propia ONE, la mayoría de las personas de 15 a 34 añ os, sin distinción entre sexos, se sienten informadas en relación con el VIH/sida. Pero una mirada un poco más profunda evidencia que más de la mitad de las personas encuestadas (53 por ciento de las mujeres y 61,5 por ciento de los hombres) tenían mezcla de conocimientos correctos con información errónea acerca de las fuentes de transmisión del VIH, por solo citar un ejemplo. Aún cuando es un hecho reconocido que recibir información no basta para educar, y mucho menos para promover cambios de conductas, si las cifras revelan, además, mala información, la ecuación es obvia: la prensa no está siendo eficaz cuando de prevenir el sida se trata Expertos como Isabel Moya coinciden en que la causa más evidente radica en que la labor de los medios es incompleta y poco sistemática. En ello influyen lagunas de información entre periodistas y comunicadores, la premura con que se producen los materiales, la frecuente incomunicación entre expertos, realizadores y públicos y el poco hábito de buscar asesoramiento y trabajar en proyectos multisectoriales. Nuestros medios, además, deben dejar a un lado el miedo a la reacción del público ante determinados temas y ser sistemáticos. Si los mensajes se transmiten sólo en fechas específicas, las personas se olvidan hasta que llega la próxima campañ a. Lo otro cae en el terreno de la creatividad. Tan dañ ina puede ser la falta de información, como la saturación, en determinados momentos, de los mismos mensajes, elaborados de similar manera. Cinco fases han atravesado los productos comunicativos desde los orígenes de la epidemia. La primera estuvo basada fundamentalmente en el terror, y los mensajes aludían a la muerte como elemento esencial para visibilizar la gravedad de la enfermedad; le siguió otra más informativa que se basó en proporcionar datos sobre el virus y su impacto. Una tercera acudió esencialmente en las teorías y modelos que propician cambios de comportamientos; y, por último, la etapa actual se conoce como “de los cinco marcos” e imbrica, al menos en la teoría, las dimensiones cultural, política, de género socioeconómica y espiritual en la búsqueda de mensajes más completos. Pero aunque estas fases representan una evolución de las estrategias de comunicación para la prevención de la pandemia, hoy persisten errores como no estudiar suficientemente a las audiencias a la hora de proponer los mensajes y considerar, por tanto, que todos los públicos están en las mismas condiciones de información, vivencias, capacidad de comprensión. También puede hallarse escasa diversificación por edades, sexos o razas entre los protagonistas de los productos comunicativos, lo cual impide que determinados grupos poblacionales se sientan identificados y, por tanto, presten atención a la información que se brinda. En ocasiones, los mensajes siguen poniendo énfasis en la imagen de la muerte, dan una mirada absoluta sobre la enfermedad y, a veces, con las mejores intenciones, refuerzan el sentimiento de culpabilidad, la lástima como forma de solidaridad; “sin querer” estigmatizan a enfermos y seropositivos. Especialistas proponen, además, que carteles, anuncios radiales y televisivos, reportajes de prensa y cortos audiovisuales, entre otras iniciativas que nutren añ o tras añ o las campañ as, deben superar la promoción del uso del condón y profundizar en los matices de una pandemia que trasciende el ámbito de la salud. En opinión de Isabel Moya, "aunque en comunicación, como en la vida misma, no hay recetas pues cada contexto social y comunicacional va a demandar herramientas propias para diseñ ar la agenda mediática y la forma en que se construye, existen elementos claves a tener en cuenta a la hora de tratar el tema del VIH". Articular lo social, lo científico y lo vivencial; utilizar el enfoque de género como una brújula para develar que las personas pueden ser más vulnerables en dependencia de la forma en que representan y viven su feminidad o masculinidad; dar voces a las personas con VIH y reivindicar el derecho humano al respeto y la aceptación son algunas de estas claves. |